Durante la repoblación de la ciudad, esta, fue dividida en partes, según la procedencia de los repobladores, la mayoría aragoneses y catalanes. El proceso de repoblación fue lento y continuo durante todo el siglo XIV. Los moros que permanecieron en la ciudad fueron establecidos extramuros, en lo que en aquella época se conocía como «la Morería», sin embargo, dentro de la muralla existía otro barrio, este, a su vez, amurallado, conocido como «la Judería» o «Call», barrio donado por Jaime I, para que allí vivieran los judíos que en su mayoría se dedicaban a la orfebrería.


En aquel tiempo, se implantaron los fueros, se redactó el «Llibre del Consolat del Mar», el más antiguo código de Derecho Marítimo redactado; el poder judicial lo ejercía «el Justicia» y la otra figura importante en la vida cotidiana de la ciudad era «el Mostassaf», que vigilaba el mercado, los pesos, medidas, precios y transacciones. Al cristianizarse la ciudad, las antiguas mezquitas se convirtieron en iglesias, la Gran Mezquita en catedral, bajo la advocación de Santa María. En el año 1262 sobre la Gran Mezquita se comienza la construcción de la catedral por orden del Cister.


En el siglo XIII, para facilitar el acceso a los suburbios de la ciudad situados en la margen norte del río, se construyeron dos puentes de piedra, el «dels catalans» (o de la Trinidad) y el del Real. En esta zona, de nueva urbanización, Jaime II se construyo un Palacio Real, que fue saqueado por Pedro el Cruel en 1364, cuando atacó Valencia por segunda vez. Y por haber resistido a los dos ataques, Valencia recibió el título de «ciudad dos veces leal» y razón por la cual dos «L» coronadas flanquean el escudo de la ciudad.

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